1. Para mi prójimo: Nuestros
prójimos reciben una ayuda efectiva, rápida y masiva, cuando una comunidad de
aproximadamente 16 a 20 personas decide dedicarse a ayudar como equipo
utilizando sus talentos, conocimientos técnicos y relaciones.
2. Para mí: Los beneficios
personales para el voluntario son múltiples. Antes que nada es bendito
infinitamente al entregarse a Dios como instrumento para su labor en la tierra.
En adición las vivencias y los testimonios de la vida de acción serán tan ricas
y abundantes que las mismas servirán de abono para la vida contemplativa de los
voluntarios. En adición, los ministerios nos brindan la oportunidad de hacer
cosas que normalmente no haríamos pues no nos sentimos en capacidad emocional,
intelectual o física de hacerlas, como por ejemplo atender enfermos o
moribundos, trabajar en condiciones incómodas o poco higiénicas, hablar en
público, predicar, etc.. Esto nos ayuda a descubrir nuevas capacidades en
nosotros mismos bajo la luz del Espíritu Santo, revelando la verdadera persona
que Dios tenía planeada en nosotros.
3. Para mi comunidad: Las
comunidades que trabajan juntas, reciben innumerables bendiciones, desde
testimonios grupales, hasta la dicha de aprender a conocerse y respetarse en un
ambiente de trabajo arduo, muy diferente al ambiente de sus reuniones semanales
o sociales.
4. Para mi parroquia: Nuestra
parroquia se beneficia de estos trabajos pues se fortalece, cuando sus
comunidades crecen y desarrollan una vida cristiana más completa.
5. Para mi iglesia: Nuestra
iglesia se fortalece por el desarrollo de nuestra parroquia, y de las instituciones
que estamos ayudando. Asimismo, si somos exitosos, y nuestro ejemplo es
repetido en otras parroquias, eventualmente el efecto sobre la imagen de
nuestra querida iglesia será importante, pues la proyectará como una iglesia
más activa y con mayor involucramiento de sus laicos.