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Una Gran puerta para un nuevo año: María

Iniciando este nuevo año 2007, se proyecta en nuestra memoria, como si de una película se tratara, lo que han podido ser (en positivo o negativo) los meses de este año que se apaga y los deseos que quisiéramos ver cumplidos para este otro que ahora mismo está clareando.
Santa María, Madre de Dios, es un buen pórtico por el que podemos entrar viendo con más nitidez y seguridad los caminos que hemos de elegir a la hora de hacernos con esos buenos propósitos conquistándolos con el apoyo y la fuerza de Dios.

Por Javier Leoz (adaptación)

Iniciando este nuevo año 2007, se proyecta en nuestra memoria, como si de una película se tratara, lo que han podido ser (en positivo o negativo) los meses de este año que se apaga y los deseos que quisiéramos ver cumplidos para este otro que ahora mismo está clareando.
Santa María, Madre de Dios, es un buen pórtico por el que podemos entrar viendo con más nitidez y seguridad los caminos que hemos de elegir a la hora de hacernos con esos buenos propósitos conquistándolos con el apoyo y la fuerza de Dios. Ofrendar este 1 de enero, a Santa María Madre de Dios (además de ser la fiesta mariana más antigua de Occidente) es pedir su protección junto con su presencia allá donde los cristianos estemos presentes en nuestras
luchas y proyectos, éxitos, fracasos, cruces, alegrías y sufrimientos.

¿Acaso tendremos miedo a caminar si delante va María? Santa María, Madre de Dios, nos invita en estos aledaños del nuevo año, y en la agonía del viejo, a dejar aquello que nos ha producido
insatisfacción y ansiedad, agobio y desesperanza, tristeza o mediocridad, incredulidad o tibieza, frialdad o apatía, imperfección y distanciamiento del mundo de la fe o de los hermanos. Santa María, Madre de Dios, es una oportunidad que Dios nos brinda para ver (también en nuestra existencia) su huella, su poder y su grandeza.

Santa María, Madre de Dios, como saludo mariano del nuevo año, abre delante de nosotros un horizonte intenso con 365 días que pueden ser más llevaderos y soportables si lo hacemos cogidos de la mano de Dios, atentos a la vida, arropados con las Palabras de Jesús y, ¡cómo no! alentados por esa gran figura que dejó embargar toda su existencia por la obediencia y el amor a Dios: MARIA.

Quiero dejar, Señor, con la ayuda de Santa María, en el año 2006 que ahora acaba, la envidia que me hace soñar aquello que no me corresponde e infravalorar los golpes de suerte del que camina junto a mí. La violencia que me convierte en verdugo de innumerables prójimos. La indiferencia ante el que vive horas amargas y encuentra como respuesta el vacío de mis obras y palabras. La pereza en el afán de superación. Las manos que se cierran ante rostros que sufren. El corazón altanero y ambicioso, hipócrita y egoísta. El pensamiento por lo puramente efímero. La debilidad que me hace vulgar y uniforme en medio del mundo. La mentira que oculta la
veracidad de las cosas. La tristeza por los proyectos truncados. La desesperanza que trae mis limitaciones y carácter. La tibieza en mis actitudes. El disfraz que disimula mi franqueza
Y quiero alcanzar, Señor, con la ayuda de Santa Maria, en el año 2007 que ahora comienza: Un poco de tu paz para que sean días de sosiego. La conformidad para que no sufra con aquello que carezco.

La fraternidad para ver al otro como un amigo y nunca como un adversario. La fe para liberarme de los innumerables grilletes con los que aprietan las dudas. La audacia para resolver los problemas que me asalten. La profundidad para meditar y disfrutar con los misterios
de Dios. La fortaleza para ser yo mismo y no dejarme arrastrar por lo fácil. La originalidad para sentirme siempre vivo y nunca muerto. La verdad para no ser esclavo de mis falsedades. La alegría para ser portador de optimismo en el mundo que me rodea. La esperanza
para trabajar por un nuevo hombre y por un justo orden. La coherencia para que no exista distancia entre “el digo y el hago. La nitidez para no ser malinterpretado en la percepción de las cosas y de los hechos. El amor para saber que es una puerta por la que se
sirve en la tierra y se entra en el cielo. El perdón para comprender que es peso que quito de mis hombros.

Que el Año Nuevo sea una oportunidad para revisar lo que no merece la pena ser repetido y aquello que se puede conservar (como María lo hacía en su corazón) para dar con la felicidad espiritual y material. Qué grande es comenzar este nuevo año mirando al cielo y diciéndole a Dios que, rezando a Santa María su Madre, estamos seguros que no nos va a negar aquello que sea bueno para nuestra vida: “Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores
ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén


Escrito Por: manuel
Fecha Publicación: 29/12/2006
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