|
|
|
SI EL MUNDO ACEPTARA
No hay un solo día en que los noticiarios no traigan ante nuestros ojos imágenes de legiones de seres humanos famélicos, de seres humanos hundidos en la desesperación, de seres humanos hacinados en campamentos de refugiados, apátridas, de seres humanos en barcos “boat people”, huyendo desesperadamente del desaliento, buscando esperanza. No hay un solo día en que nuestros campos no pierdan a jóvenes que, buscando un futuro mejor, abandonan el mundo rural para ser uno más de los marginados en nuestras ciudades.
No hay una sola esquina importante de nuestra ciudad donde no nos encontremos con una legión de lisiados físicos, o una retahíla de limpiadores de vidrios, vendedores de animales, de accesorios para carros, de loterías.
No hay una sola empresa o negocio a la que no le pidan trabajo de lo que sea. Pululan las fritangas callejeras, los carritos de perros, tacos, sándwiches y demás.
El hambre es mucha; las necesidades, ingentes; los marginados, legión. Todos son hijos de Dios, hermanos de Jesús. Ante esto, el mundo se ha amorfinado, está inerte e inconsciente. La tragedia del mundo estriba en que, pudiendo vivir en comunidad de paz, vive en la guerra; en lugar de enlazarse como hermanos, luchan como enemigos; en vez de amar, odian, aborrecen, atacan.
Se deforestan los bosques de árboles. Se diezman los ríos de agua, las fuentes de vida. El mundo que lucha por la vida, a la vida le ha declarado la muerte: aborto, eutanasia…
Buscamos luz y seguimos viviendo en las tinieblas; buscamos camino y optamos por los senderos abismales de nuestro egoísmo. Buscamos el pan y el agua, y los rechazamos.
El pan de vida y bebida de salvación tienen un nombre: Jesús. Si los pueblos aceptaran a Jesús como persona, que es aceptar su Evangelio, el mundo dejaría de tener hambre. Si el mundo aceptase el Pan de Vida, cesarían las hambres, pues estas son la consecuencia del egoísmo.
Quien come el pan de vida cesa de ser egoísta, cesa de oprimir, de marginar, de odiar; pues quien come vive en Jesús. Y vivir en Jesús produce en uno el ser como Jesús. Vivir en Jesús es vivir de acuerdo al modo, a la manera de Jesús, abierto a todos, reconociendo al otro como lo que es: hijo de Dios y hermano nuestro. Aquí está la conversión que produce el Alimento de Dios, Su Palabra, Su Cuerpo y Su sangre. No se puede recibir al Señor y vivir de espaldas a su Evangelio. Las hambres del mundo cesarán cuando los que nos decimos cristianos vivamos de acuerdo con la fe que decimos creer; y entonces nos veremos y nos trataremos como hermanos de Jesús e Hijos de Dios.
Escrito Por: jorgeluisFecha Publicación: 14/08/2009Visitas: 981 Return |
|
 |
|
| |