¡ESTAD PREPARADOS!
P. José Antonio Esquivel, S.J.
Esta frase del Evangelio ha sido interpretada como el imperativo ante lo que va a venir, y provocando en el creyente el miedo, el pánico, el temor a Dios.
Uno no debe «prepararse a la venida», uno debe vivir gozando del camino del Evangelio. Estamos llamados a ser mensajeros de Jesús, y este ser mensajeros de Jesús trae consigo vivir en camino de evangelización, que lleva consigo el cambio-conversión personal, dejando que Jesús sea en nosotros, que el Espíritu Santo guíe nuestras vidas, que nuestro deseo constante y continuo sea que «venga el Reino».
Desear y querer que «venga el Reino» es saber que la venida de Jesús es la plenitud de la gloria, la realización de las promesas de Dios. Acoger la llegada del Señor es vestirnos de gala porque Jesús llega. El Señor de señores, el Rey de reyes, y esto hace que nos preparemos a la celebración.
El juicio del Señor se arropa en Su amor infinito y en Su misericordia, porque el Señor es lento a la ira y rico en piedad. El cristiano debe vivir el aquí y ahora como lo que es, lo único que es, a plenitud, al máximo: vivir el hoy como el todo, listos siempre a recibir al Señor que está aquí.
Las lámparas llenas, ¿de qué? Las lámparas alumbran el interior; son iluminadas por el bien que se ha hecho, por la actitud de servicio, por la entrega de sí, por la sensibilidad a los débiles, pobres, enfermos, iluminados por la confianza puesta en Dios, por haber oído Su Palabra y haber hecho Su voluntad.
No hay que temer la venida. Temamos a nuestro egoísmo, a nuestra codicia, a nuestra envidia, a dejar que el mal nos domine. Temamos a que la lámpara de nuestra vida se apague y la obscuridad nos cubra para siempre.
La sensatez cristiana no es otra que vivir abiertos al Señor, oyendo Su palabra, acatando Su voluntad. ¿Estamos preparados para recibir al Señor? ¿Está la lámpara de nuestra vida iluminada por el bien, la justicia, el servicio, el amor y la paz? Entonces, estamos preparados a recibir a Jesús aquí y ahora.