Por: Rafael Cepeda Caraballo.
Aunque después de la ascensión de nuestro Señor Jesucristo, todo el tiempo es para el creyente, tiempo de sostenida vigilia y esperanza en la Parusia, llegada o presencia de nuestro Señor, la iglesia Católica ha reservado en su ciclo litúrgico, las cuatro semanas que preceden la navidad, como tiempo de Adviento.
Con el Adviento se abre el año litúrgico de la iglesia, alertándonos con cuatro semanas de anticipación para que estemos preparados a celebrar el nacimiento de Jesús.
Adviento es un tiempo especial para hacer nuestro examen de conciencia y mejorar nuestra condición humana y espiritual. Adviento significa presencia de Dios ya comenzada, pero también tan solo comenzada. Esto implica que el cristiano no mira solamente a lo que ya ha sido y ya ha pasado, sino también a lo que esta por venir. En medio de todas las desgracias del mundo tiene la certeza de que la simiente de la luz sigue creciendo oculta, hasta que un día el bien triunfara definitivamente y todo le estará sometido... el día que Cristo vuelva. Sabe que la presencia de Dios que acaba de comenzar, será un día presencia total. Y esta certeza que le hace libre, le presta un apoyo definitivo. (Tomado del tema Sentido del Adviento, del santo papa Benedicto)
Con la esperanza de la Parusia, llegada o presencia de Cristo, es oportuno recordar en la historia de la salvación, los más importantes encuentros, presencias, revelaciones o acercamientos de Dios con el hombre.
El primer encuentro o acercamiento conocido, de Dios con el hombre, sucedió en el paraíso con Adán y Eva, hecho narrado en una forma sencilla, pero con profunda inteligencia didáctica, en el libro del Génesis.
El segundo encuentro, presencia o acercamiento conocido, esta narrado también en el libro del Génesis, donde Dios hace la gran promesa al patriarca Abraham, incluyendo a toda su descendencia o pueblo de Dios.
El tercer encuentro se pone de manifiesto en una forma extraordinaria ante Moisés y todo el pueblo de Israel, durante todo el éxodo en una forma palpable, donde se repite su presencia y toda su gracia redentora.
Dios vuelve a hacer presencia fuerte a través de los profetas y por medio del Espíritu Santo, esta vez anunciando el Reino y la venida del Mesías.
Por esa razón, el principal interés del pueblo de Dios del antiguo testamento era preparar la venida del Mesías prometido y anunciado por los profetas. El antiguo testamento es un testimonio constante del amor salvifico de Dios, despertando en los hombres el interés por su salvación,
Fueron muchos siglos de adviento, de esperaza en la venida del Mesías, esa esperada venida o presencia de Dios, se hizo realidad el día de navidad, el día que el niño Dios, se encarno en la virgen Maria y el verbo divino se hizo hombre.
Jesús de Nazaret, presencia viva de Dios en este mundo.
Con Cristo, llego el reino de los cielos a la tierra, pero este reino padece todavía de los ataques del mal. Cristo afirmo antes de su ascensión, que aun no era la hora del establecimiento glorioso del Reino Mesiánico esperado por Israel Hch. 1[6/7].
Por tanto el creyente espera la segunda venida del Mesías que ha de venir según la promesa con todo el poder y toda la gloria y los poderes del mal serán vencidos y habrá una tierra nueva y un cielo nuevo en los que habitara la justicia, la verdad, la paz y el amor.
Por eso los cristianos piden sin cesar en la eucaristía "ven señor Jesús".
En nuestra siguiente composición queremos compartir el clamor esperanzado de todo creyente, por la segunda venida de nuestro Señor Jesucristo.
Esperamos tu venida/
Donde al fin podremos ver/
Con gran gozo y gran placer/
Esa promesa cumplida.
Vislumbramos tu victoria/
Y la tierra prometida/
El cielo, la nueva vida/
Y la plenitud de tu gloria.